La Facilitación es un arte

Desde hace pocas décadas vivimos una “revolución” en casi todos los ámbitos de nuestras vidas. También hay un cambio de paradigma en la forma en que tenemos de organizarnos en los grupos: estamos pasando de modelos jerarquizados y con concentración del poder a otros donde se construye y se decide entre iguales.

Es difícil superar la inercia de las viejas estructuras, la experiencia demuestra que gente madura y maravillosa tiene enormes dificultades para realizar su visión y sus objetivos trabajando en grupo. Uno de los retos de nuestra era es realizar procesos participativos y que además sean efectivos.

Sentimos la urgencia de tener relaciones humanas más sinceras. Sin embargo tropezamos con la dificultad de aprender a convivir con la diversidad de ideas, y más difícil aún, con las necesidades de los que nos rodean. Incidentes, malos entendidos, crisis y rupturas…es la vida! Duele y boicotea nuestros sueños, nos paraliza.

Necesitamos a los otros para emprender mil y un proyectos que nos permitan realizarnos individual y colectivamente. Necesitamos transformar el individualismo aprendido en planteamientos colectivos y de cooperación.

Para asumir este reto necesitamos formarnos, reeducarnos (aprender y desaprender).

Introducir la Facilitación en los grupos es replantear muchas estructuras rígidas: comenzando por la forma que tenemos de “compartir el poder”…la Facilitación plantea además, un proceso de transformación personal. Así mismo nace con la vocación de su difusión horizontal: es necesario que se creen focos desde los que se irradien estas ideas. La facilitación trabaja creando estos focos, trabaja por un aumento de la conciencia individual y colectiva. Su vocación es contribuir a ese cambio de paradigma en las relaciones humanas.

Hay una frase de una cancioncilla que aprendí en Zegg (ecoaldea en Alemania): “Solo no puedes llegar pero sólo tú puedes llegar…”

La Facilitación es el arte de ayudar a los grupos (y los individuos que los forman) a encontrar y alcanzar sus sueños. Como todo arte, necesita una materia prima con la que trabajar, ésta es la CONCIENCIA.

El facilitador ayuda al grupo a “darse cuenta” de lo que se está manifestando, a tomar conciencia y responsabilizarse. Su tarea consiste en CREAR:

  • TRANSPARENCIA: esta se nutre de la confianza y del empoderamiento de cada uno de sus miembros.: quiénes somos, qué queremos, qué aportamos, nuestras necesidades e intereses.
  • EFICIENCIA: se consigue empleando técnicas y herramientas para diseñar conscientemente el cómo nos organizamos como grupo (desde la toma de decisiones a la gestión de los conflictos).Indisolublemente el nuevo estilo de gestión de grupos produce cambios vitales en sus miembros, es otra manifestación de la “eficiencia”.
  • PARTICIPACIÓN: Los grupos tienden a esconder sus diferencias para llegar a la unidad. Sin embargo la unidad sólo es fuerte si se conocen y se acogen las diferencias. Facilitar un proceso grupal es ayudar a que todas las voces sean escuchadas y apreciadas.

El punto de partida para un facilitador es la idea de servicio al grupo, desde ahí trabaja para:

  • Mejorar la comunicación interna.
  • Ayudar a extraer la sabiduría de un grupo. Hacer manifiesto y real el espíritu del grupo, ayudando en su concreción material, comenzando por el establecimiento de la Visión y la Misión claras y consensuadas.
  • Canalizar la creación de una estructura de toma de decisiones donde nadie se sienta marginado y exista una participación real de todos los miembros del grupo.
  • Gestionar los momentos difíciles: resolución de conflictos, vacíos de poder, estancamientos, crisis…

¡La Facilitación es un arte!

Alejandra Español.